Precognición


Soñaba. Bueno, en realidad, todos soñamos, pero ella soñaba lo mismo desde que tenía uso de razón. Cuando se iba dormir y se tapaba con la sábana, sabía exactamente lo que le ofrecería su mundo onírico. Las imágenes se repetían como las escenas de una película. No le contaba a nadie su sueño. No quería que le dieran consejos que no venían a cuento o que su sueño se contagiara de las críticas de los demás. Ella quería vivir, una por una, las secuencias que veía en el universo sin ruido al que viajaba cada noche.
Era lunes. En la calle no hacía frío ni calor y el viento no movía las ramas de los árboles. Descorrió las cortinas y la nube que pasó delante de la ventana fue una señal para saber que ese sería el día. Después de desayunar lo primero que encontró en la nevera, se puso un vestido azul, porque en el sueño siempre aparecía con un vestido azul. Lo tenía guardado en una caja de cartón esperando el momento adecuado. Sin extenderse demasiado, con las palabras justas y precisas, escribió en un pósit: “Voy a cumplir mi sueño”. Y se marchó sabiendo que ese primer paso marcaría lo que vendría después. Sus familiares, los compañeros del trabajo y los vecinos, la buscaron desesperados. Y todavía la siguen buscando. Pero ella, que tuvo el valor de escuchar las señales que recibía, se ha convertido en una mujer que se levanta cada mañana orgullosa por estar triunfando en lo que siempre soñó.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Bellísimo relato