El viento

Eolo está empeñado en entrar por la ventana y no quiero seguirle la corriente. Esta mañana, cuando fui a comprar el pan, una joven lloraba porque le robó el beso volado que lanzó a su novio. Los árboles temblaban, se agarraban a la tierra para no salir por los aires. Mi vecino me contó que de un golpe le cerró la puerta y lo empujó dentro de la casa. Nadie sabe lo que le pasa al viento que lleva días enfadado. Taconea en el patio como una niña caprichosa.

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