Día Mundial del Teatro

Las emociones no se pueden ocultar en el escenario. Ocupan un lugar importante. Pueden ser inherentes a la vida del actor o surgir por el trabajo y la implicación que se tenga con el personaje. Tienen que estar, ocurrir, pasar por dentro y por fuera del cuerpo del intérprete. En el escenario hay que buscar la verdad, y una verdad no puede ser fingida. El espectador tiene que sentir lo que se está contando a través de los personajes, y se dará cuenta si el resultado es falso. Todos los que hemos actuado conocemos esa sensación que aparece cuando miramos de frente al miedo, a la ira o la alegría. Su efecto nos permite seguir avanzando cuando nuestra sombra no la ilumina un cenital y estamos solos una mañana, o temblando delante de una decisión importante.
El teatro tiene que seguir existiendo para poder emocionarnos. No se puede bajar el telón y ocultar las acciones que se generan sobre el escenario. El teatro es acción. La vida también es acción, pero muchas veces la rutina hace que se conviertan en planas y manidas. En mi caso, el teatro, me ha acompañado en momentos complicados, he descubierto cosas de mí que no sabía que existían, he sido capaz de hacer y de vivir. Ahí, interpretando, en tiempo presente, el equipaje personal pesa menos. A veces los personajes son cortos y se esfuman desde que guardas el vestuario. Otras veces, se quedan un largo rato contigo para seguir enseñsándote lo que necesitas. De cualquier manera, te enamoras de ellos. Quién ha probado la posibilidad de crear vida con los movimientos y las palabras, estará dispuesto a sentirlo las veces que pueda. La puerta de entrada a escena siempre tiene que estar abierta, aunque te toque ser espectador.


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