Me quedo con lo pequeño

El pasillo es cada vez es más largo y el tiempo se ralentiza. Mientras camino, los recuerdos me sorprenden y me da miedo reconocerme en ellos. En mis manos sujeto palabras que han comenzado a tener un nuevo significado. He guardado algunos verbos que no quiero oír, eligiendo los que sé que son necesarios. Confío en las sílabas del amor. La vida me agarra. Él se agarra a la vida. Le hablo. Es complicado hablarle a una persona nueva y que conozco desde que calmó mi primer llanto. No consigo acostumbrarme. Cada momento es un pequeño regalo y en lo pequeño me quiero quedar. Sobra lo demás. La demasía en el equipaje es una carga para el viaje. No hay más que este día. No hay más que este minuto donde la claridad entra por la fisura que tiene la puerta, la veo, y parece que es el sol el que se ha sentado conmigo. No quiero dormirme porque me da miedo despertarme y no encontrarlo a mi lado. Seguiré despierta el tiempo que sea necesario. La espera sabe a sal y se pega en las mejillas. El viento de octubre ha decidido acompañarme. A él le cuento que estamos descansando en la casa del campo. Así está tranquilo.

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