Libretas nuevas

 

Los comienzos se escriben en libretas nuevas. Me gusta una libreta nueva. Cuando era pequeña, pasaba mi nariz por las hojas limpias para respirar la tinta de imprenta. Cerraba los ojos todo lo que podía y veía letras danzando sin parar para formar palabras entre ellas. Siempre, en la portada, escribía mi nombre para personalizarla y para que no se perdiera. Estrenar una libreta era una aventura infantil, diferente cada vez que ocurría y que me permitía viajar con mi imaginación.

Septiembre se llena de libretas nuevas.  En las librerías las amontonan en mesas gigantes para que los clientes las elijan según sus necesidades. No hace mucho vi cómo un padre compraba las libretas a su hijo para el curso escolar. Él mismo iba seleccionando una diferente para cada materia. La roja para Matemáticas. La azul para Lengua. Lo observaba, como siempre me detengo delante de una situación que me llama la atención. Y aquel niño era feliz ordenando las libretas por colores y compartiendo con los que estábamos a su lado sus ganas de aprender. Daba tantos detalles de su maestra, que parecía que describía a un familiar cercano y querido. Salió de la librería con las libretas debajo del brazo, protegiendo el tesoro que acababa de comprarle su padre. Estoy segura de que lo primero que hizo cuando llegó a su casa fue poner su nombre en cada portada.

Guardo muchos comienzos en los cajones de mi casa. Libretas desgastadas por los bordes, que fueron nuevas y que ya no huelen a tinta fresca. No las colecciono, simplemente las guardo cuando se acaban. No me gusta tirarlas porque creo que entre sus hojas puedo encontrar detalles que tengo olvidados, comienzos que fueron emocionantes y finales de los que aprendí. A veces no reconozco las letras que sostengo en mis manos. Encuentro tachones y borrones que me ruborizan porque no recuerdo qué me llevó a garabatear una hoja. O me sorprendo cuando aparece un texto escrito de un tirón, como si en aquel momento alguien hubiese estado dictándome. En muchas de ellas aprendí a escribir. Y en otras escondía el deseo de llenarme de vivencias. Con una libreta nueva en tus manos tienes el honor de escribir la primera frase de cualquier historia y hacer que, lo que venga después, aunque no sea como creías, merezca la pena.

 

 

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