El techo de cristal
En la constructora necesitábamos incorporar
personal en la oficina. Estábamos desbordados por el volumen de venta de los
últimos meses. El jefe me puso encima de la mesa varios currículums para que
eligiera a la persona que mejor se adaptara al puesto que queríamos cubrir.
Tenía que tener don de gentes, conocimientos
financieros y afán se superación. Descarté dos o tres que, a simple vista, no
servían para lo que buscábamos. Olivia había estudiado en Inglaterra,
economista y tenía experiencia en banca.
Cuando le mostré el currículum al jefe, movió la cabeza de un lado a otro.
Levantó las cejas pobladas y, abriendo los ojos todo lo que pudo, me dijo que
una mujer nos traería problemas en la empresa, donde, sin contar a la
limpiadora, todos éramos hombres. Intenté convencerlo. Le leí en voz alta el currículum para que
escuchara cómo era Olivia y lo que podía aportarnos. Volvió a negar con la
cabeza. Con una mujer aquí, dijo, tendremos que controlar nuestro vocabulario,
no podremos reírnos de esos wasaps de mujeres desnudas, ella no entenderá
nuestras bromas y su sueldo no podrá ser el mismo al de nosotros. Concluyó
irónicamente: una mujer es muy fina para que se ensucie los dedos con la grasa
de los camiones. El jefe tomó la decisión. Contrató a un conocido suyo que
estaba en paro. Era rápido en cálculos matemáticos y un hombre tranquilo.
Aquella mañana de abril, Jorge entró en la
oficina arrastrando los pies. El pelo lo tenía apelmazado y el cuello de la
camisa de cuadros aparentaba estar sucio. Dio un resoplido antes de sentarse en
la silla. Sentí arcadas cuando lo vi delante del ordenador. Estaba claro lo que
iba a ocurrir: Jorge era lento con el ordenador y su torpeza saltaba a la
vista. El jefe se acercó a su mesa y comentaron la última infidelidad de José.
Rieron juntos.
Jorge estaba allí, ocupando el puesto que
encajaba con el perfil de Olivia. Me la imaginé, con la fuerza que trasmitía en
la foto del currículum, luchando para romper el techo de cristal que le impedía
avanzar. Nuestra actitud anulaba sus capacidades.
Comentarios